Escola de Cultura de Pau
La educación para la paz y la convivencia, un proyecto de centro
Herramientas para diseñar el proyecto de convivencia
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• ¿Cómo respondemos a los conflictos en el aula?

• ¿Cómo enfrento los conflictos interculturales?

• ¿Qué podemos hacer cuando hay un alumno marginado?

• ¿Qué podemos hacer cuando hay un alumno que no deja hacer clase?

• ¿Cómo incorporar los contenidos de la educación para la paz en nuestra asignatura?

• ¿Cómo podemos mejorar la convivencia?

• ¿Cómo organizamos las normas de convivencia?

• ¿Cómo elaboramos el plan de acogida?

• ¿Cómo organizo el aula?

• ¿Cómo aprovechar los tiempos de tutoría?

• ¿Cómo aprovecho los espacios informales del centro?

• ¿Cómo mejorar la coordinación y el trabajo en equipo con los compañeros de claustro?

• ¿Cómo organizamos nuestro tiempo?

• ¿Cómo implicar a las familias en el proyecto educativo?

• ¿Cómo hacer que los alumnos participen?

• ¿Vale la pena hacer actos y actividades por la paz?

• ¿Qué podemos hacer para ayudar a los alumnos a ser personas felices, críticas, autónomas y responsables?


¿Cómo organizamos las normas de convivencia?(1)

Establecer una serie de normas compartidas por toda la comunidad educativa resulta imprescindible si queremos convivir juntos. Las normas son un instrumento regulador de la convivencia, tanto por lo que respecta al grupo-clase, como al conjunto del centro educativo.

Además de este motivo fundamental, las normas son necesarias, como mínimo, por dos razones más:
• Porque, aunque a veces no nos gusten (especialmente al alumnado) nos proporcionan un margen de seguridad y referencia.
• Para aprender a saltárnoslas. Nos hemos acostumbrado a conseguir lo que queremos sin esforzarnos, por lo que es básico que los jóvenes entiendan que los derechos no los regalan, que es necesario luchar para conseguirlos.

Educar en una cultura del esfuerzo supone, también, aprender a asumir y reconocer los límites, a obedecer lo que nos parece justo y desobedecer, o como mínimo cuestionar, lo que nos parece injusto. A menudo, los maestros nos dicen que los alumnos ya son muy desobedientes, sin embargo entendemos que los alumnos son obedientes al revés. Nos llevan la contraria sin ton ni son, cuando desobeceder supone argumentar porqué desobedezco, asumir las consecuencias y plantear alternativas.

Para que sean efectivas, las normas deben cumplir con siete condiciones: que estén redactadas en positivo, que sean claras, concretas, realizables, compartidas, consensuadas y pocas.


1. Cuestionar el concepto de autoridad. El cambio de conducta del alumnado producido por el poder del educador-referente muy pronto puede ser independiente de la presencia del profesor. A través de él podemos influir en un amplio abanico de conductas del alumnado. Si pensamos en las personas que, para nosotros, resultan referentes de autoridad, descubriremos que son aquellas merecedoras de respeto y confianza. Las que demuestran una coherencia entre lo que dicen, cómo lo dicen y aquello que hacen. A través de estas habilidades se incrementa de forma muy significativa el poder-referente del profesorado. Todo ello conlleva el aumento de la eficacia para educar en valores y la disminución de la necesidad de sancionar; y va acompañado, además, de consecuencias positivas para la calidad de la vida en el aula, tanto para el profesorado como para el alumnado. Conviene destacar que la persona que dispone de autoridad no necesita recurrir al autoritarismo para hacer valer sus decisiones.
¿Cómo? • Mostrándonos como personas más allá de nuestra tarea educativa, y tratando al alumnado como personas, más allá de su condición de alumnos/as. Si no estamos en disposición de abrirnos, nos resultará más difícil ganarnos su respeto y confianza.

• Repartiendo la autoridad: el aprendizaje cooperativo, reconocer que alumnos y alumnas pueden aprender juntos nos permite repartir el poder en el aula y en el centro.

• Fomentando la democracia participativa: a través de la asamblea de aula, que puede estar representada en otros contextos democráticos con competencias en la organización de la vida del centro, repartimos el poder y hacemos que el alumnado sienta que su opinión se valora.

2. Revisar los reglamentos de régimen interno y tratar de consensuar las normas imprescindibles para una buena convivencia entre todos los miembros de la comunidad educativa. Toda persona que forma parte de un problema, debería formar parte de su solución. Demasiado a menudo, tanto al establecer las normas como las medidas que se tomarán en caso de que se rompan, no tenemos en cuenta la voluntad del alumnado. Si se trata de establecer una normativa de convivencia válida para todo el centro educativo, deberemos tener en cuenta la opinión de todas las personas que en él conviven. Una norma será tanto o más efectiva en la medida de que todo el mundo la comparta.
¿Cómo? • Fomentando el debate entre todos los agentes educativos implicados en el centro, organizados entorno a la comisión de convivencia.

3. ¿Qué ocurre cuando alguien se salta una norma? Habitualmente, frente al incumplimiento de una norma se nos ha dicho que tenemos dos opciones:

• La impunidad: seguramente la peor de las opciones, puesto que consensuar las normas supone un enorme esfuerzo y mucha voluntad por llegar a acuerdos entre todos y todas, y esto no puede obviarse. Debemos aprender a responsabilizarnos, establecer los límites y asumir las consecuencias de nuestros actos.
• La sanción o el castigo: las sanciones, cuando son la primera opción y la más habitual, ni resultan efectivas, ni resultan pedagógicas:
  i. Funcionan como la droga: para conseguir el mismo efecto, cada vez necesitas una dosis mayor.
  ii. Se entiende que, una vez cumples con la sanción, ya quedas eximido tu responsabilidad.
  iii. Sólo resultan efectivas cuando la autoridad que las ejecuta se encuentra presente.
  iv. No guardan una relación entre causa y efecto.

4. Buscar medidas alternativas a la sanción: A diferencia de la sanción, las medidas reparadoras no buscan la venganza (ojo por ojo), sino una reparación efectiva del daño que se ha causado. Además, guardan una relación directa entre causa y efecto. Se basan en 3 erres:

• El RECONOCIMIENTO del daño que se ha causado.
• Asumir la RESPONSABILIDAD de los hechos.
• La REPARACIÓN del daño.
¿Cómo? • Fomentando la negociación, la ayuda entre iguales y la mediación. La estimulación cara a cara, facilita el reconocimiento del otro. De otro lado, cuando formamos parte de las soluciones nos resulta más fácil responsabilizarnos y entender la función reparadora.

• Reconociendo la comisión de convivencia como organismo regulador de la convivencia en el centro y, por lo tanto, aquél que decidirá las medidas reparadoras que se consideren pertinentes de acuerdo con las personas implicadas.

• Revisando las normas y ampliando la participación en su elaboración. Si compartimos el valor de las medidas alternativas a la sanción, debemos recoger este ideario en nuestro reglamento de régimen interno.


5. Las normas, en tanto que instrumentos reguladores de las relaciones entre las personas, también pueden encontrarse a nivel mundial, como las constituciones de los estados, los tratados fundacionales de organismos internacionales como Naciones Unidas, o los tratados internacionales de protección de los derechos humanos. Una forma efectiva de reestablecer el vínculo entre el nivel microsocial y el macrosocial en referencia a las normas, puede ser trabajar estas dos dimensiones de las normas en paralelo, y entender los derechos humanos como unas normas hechas para garantizar la convivencia a nivel mundial.
¿Cómo? • En el momento de trabajar las normas en el aula, relacionarlas con los tratados internacionales. El material Los derechos humanos, los refugiados y ACNUR (nivel 2, de 12 a 14 años), puede facilitar el paso de un nivel a otro de las normas.

• Recordar en momentos en que se esté resolviendo un conflicto, que las necesidades básicas de las personas, las que deben respetarse para resolver un conflicto de forma constructiva, están protegidas por el instrumento de los derechos humanos.
• Convivencia escolar y prevención de la violencia. Capítulo 5: “a través de las normas y la disciplina” elaborado por Maria José Díaz-Aguado para el Ministerio de Educación y Ciencia.
• Los derechos humanos, los refugiados y ACNUR (nivel 2, de 12 a 14 años). Es una propuesta didáctica que permite relacionar el nivel más cercano, el de las normas en el aula, con el nivel más macro, tratando la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los derechos de los refugiados.
• Este material, que incluye otras propuestas para otros niveles de edad (de 9 a 11, y de 15 a 18) puede pedirse al Comité Catalán de ACNUR: jrico@comcatacnur.org.
• La aventura humana. Cuentos populares y derechos humanos, Miquel Osset Hernández (ed.), Icaria, Barcelona, 2006. Esta recopilación de cuentos populares del mundo permite reflexionar sobre el contenido de cada uno de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

(1) Capítulo elaborado a partir de las indicaciones de Paco Cascón

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