Escola de Cultura de Pau
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Els conflictes basc i kurd: la participació política com a clau. PDF Imprimeix Correu electrònic
divendres, 29 d'abril de 2011 09:32

Ana Villellas Ariño, Investigadora de l'Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.

El mes de abril finaliza con una buena noticia para el conflicto kurdo. Las autoridades electorales turcas han dado luz verde finalmente, tras un veto inicial, a las siete candidaturas independientes apoyadas por el partido kurdo BDP que aspiraban a participar en las elecciones generales turcas del 12 de junio. Personalidades como Leyla Zana (Premio Sakharov del Parlamento Europeo en 1995) o actuales parlamentarias como Gultan Kisanak o Sebahat Tuncel se incluían entre los nombres rechazados en un principio. Ese veto inicial, condicionado a la entrega de documentación adicional y argumentado sobre la base de condenas en el pasado a los candidatos, generó una notable crisis política y social en Turquía, incluyendo incidentes violentos, en un contexto histórico en plena transformación en lo que respecta a la cuestión kurda y en que parece vislumbrarse el inicio de un largo y difícil proceso hacia una solución al conflicto.

La crisis inicial y la aceptación final de las siete candidaturas ha tenido al menos un efecto positivo claro, más allá de la enorme tensión generada. Ha reforzado la percepción general de que la participación en la arena política formal no es el problema sino, al contrario, es parte de la solución a los problemas que asolan a Turquía. Cada vez más, la cuestión kurda es entendida por todas las partes en Turquía como un conflicto multidimensional, con dimensiones políticas, sociales, culturales, económicas y de seguridad. Además, ya todas las partes descartan una solución exclusivamente militar al conflicto. Si bien no hay aún consenso sobre el tipo de solución o el proceso a seguir para lograrla, un Parlamento inclusivo y plural podría facilitar dinámicas constructivas en la próxima legislatura. La sociedad en Turquía está ya cansada de todas las formas de violencia y los riesgos de mantener un status quo de confrontación y belicoso son cada vez mayores que las inevitables dificultades de un proceso hacia la paz.

El Estado español ha tendido a ser observado desde Turquía, como parte de los habituales espejos de paz. Quizá esta vez el espejo debiera invertirse. Salvando las abismales diferencias entre los conflictos vasco y kurdo, tanto el movimiento nacionalista vasco como el kurdo entienden ya desde hace tiempo que la violencia con fines políticos no es ni puede ser la vía para la paz. Comparativamente, la izquierda abertzale ha dado muchos más pasos explícitos de distancia y condena de la violencia. En ambos casos, son depositarios de aspiraciones políticas democráticas de sectores significativos de la población. Sectores además cada vez más convencidos de la legitimidad de sus aspiraciones de participación política y de la potencialidad de su capacidad movilizadora. Los respectivos gobiernos (y oposiciones mayoritarias) y el conjunto de sus sociedades tienen ante sí la oportunidad de contar en la segunda mitad de 2011 con parlamentos más plurales, que sean motores de procesos de democratización y de construcción de paz. Turquía ha dado un paso hacia adelante. Está por ver qué sucede en el País Vasco.
 

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