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15 anys de resolució 1325 sobre dones, pau i seguretat, avenços o incompliment? PDF Imprimeix Correu electrònic
dimecres, 14 d'octubre de 2015 12:41

María Villellas, Investigadora de l'Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.
Blog Paz en construcción - El País


En el año 2000 el Consejo de Seguridad aprobaba la resolución 1325 sobre las mujeres, la paz y la seguridad, un hito histórico ya que era el primer momento en el que el órgano de Naciones Unidas encargado de velar por la paz y la seguridad internacionales abordaba el vínculo entre la conflictividad armada, la construcción de la paz y la igualdad de género. Se reconocía el impacto específico de género de los conflictos armados sobre las mujeres y las niñas y en paralelo destacaba el papel que éstas pueden jugar en la construcción de la paz, entendida en un sentido amplio. La aprobación de la resolución 1325 supuso el inicio de la agenda internacional sobre mujeres, paz y seguridad, que desde el año 2000 ha estado complementada por la aprobación de nuevas resoluciones -1820 (2008), 1888 (2009), 1889 (2009), 1960 (2010), 2106 (2013) y 2122 (2013)- que han ampliado y detallado el contenido de la 1325, bebiendo de una larga tradición de organizaciones de mujeres involucradas en el movimiento feminista por la paz y los derechos humanos.

En octubre, cuando se cumplen 15 años de aprobación de la resolución, Naciones Unidas, la sociedad civil y los Gobiernos están llevando a cabo un proceso de revisión de esta implementación. ¿Puede hacerse un balance positivo de estos 15 años? ¿Cuáles son los principales obstáculos y retos pendientes en la agenda sobre mujeres, paz y seguridad? La creación de una nueva agenda internacional, la agenda de las mujeres, la paz la seguridad, que a pesar de todas las imperfecciones, es un hito importante, dado que actualmente los gobiernos tienen la presión, pequeña e insuficiente, pero presión al fin y al cabo, de rendir cuentas de lo que han hecho para llevar a la práctica la resolución 1325.

S4.reutersmedia.netFuente: Reuters

Algunos ejemplos que ilustran avances concretos los encontramos en la lucha contra la violencia sexual en los conflictos armados, la presencia de las mujeres en las negociaciones de paz o el Tratado sobre Comercio de Armas. La violencia sexual en los conflictos armados ha ganado cierta visibilidad. Centenares de miles de mujeres y niñas, y en menor medida hombres y niños, continúan siendo victimizados por hombres armados y civiles, pero se ha logrado que la Corte Penal Internacional reconozca la violencia sexual como crimen de guerra y crimen de genocidio y el Secretario General de la ONU cada año publica un informe en el que incluye información sobre las partes en conflicto directamente involucradas en hechos de violencia sexual. Es decir, actualmente la violencia sexual no es un crimen tan invisibilizado, primer paso para su erradicación y el fin de la impunidad.

Las mujeres también exigen con fuerza estar presentes y tener capacidad de incidencia en las negociaciones de paz. Los ejemplos de Filipinas y Colombia ilustran que es posible hacer procesos más inclusivos. En las negociaciones del Gobierno filipino con la guerrilla de MILF, que llevaron al acuerdo de paz de 2014, las mujeres  lideraron el equipo gubernamental y tuvieron un papel relevante en el equipo del MILF, mientras que desde la sociedad civil impulsaron las negociaciones. Esta presencia se tradujo en un acuerdo de paz más inclusivo, con una mayor presencia de mujeres en los mecanismos institucionales surgidos del acuerdo y medidas para garantizar el bienestar económico de las mujeres. En Colombia, el trabajo incansable de las organizaciones de mujeres llevó a la creación de una subcomisión de género para integrar las voces de las mujeres y la perspectiva de género en los acuerdos a los que eventualmente se pueda llegar. El Gobierno y las FARC han mantenido diferentes reuniones con representantes de organizaciones de mujeres y del colectivo LGTBI, que han trasladado sus propuestas y reivindicaciones para el proceso de paz. Esta presencia destacada de mujeres no es representativa del conjunto de procesos, pero es enormemente relevante y es fruto del trabajo de la sociedad civil que cuenta con un instrumento como la 1325 que fortalece su trabajo de presión a gobiernos y grupos armados.

La aprobación del Tratado de Comercio de Armas también ilustra el impulso de la 1325, ya que la presión de la sociedad civil sirvió para que el Tratado incluyera una cláusula relativa a la violencia de género, que obliga los exportadores de armas a tener en cuenta si la venta de armas, municiones, partes o componentes pueden ser usados para cometer o facilitar actos de violencia de género o de violencia contra mujeres y menores.

Estos ejemplos ilustrar algunos de los avances que ha permitido la 1325. Ahora bien, el balance en su conjunto no es tan positivo. Continúan pendientes muchísimos retos en materia de protección de las mujeres frente a fenómenos como la violencia sexual o el desplazamiento forzado. La participación de las mujeres en los procesos de paz, a pesar de algunos ejemplos relativamente exitosos, sigue siendo muy reducida y existen muchas resistencias a facilitar esta participación. También es testimonial la presencia de mujeres en los espacios de decisión política. Además, muchos gobiernos han hecho un uso militarista de la resolución 1325 centrando sus esfuerzos en garantizar una mayor presencia de mujeres en las misiones de mantenimiento de la paz y los cuerpos de seguridad. Éste no era el espíritu con el que las organizaciones de mujeres que trabajaron para que la 1325 fuera aprobada la concibieron. La 1325 fue promovida para que las experiencias vitales de las mujeres sobre la guerra y sus propuestas para construir paz fueran tenidas en cuenta para avanzar hacia un mundo sin guerras y desmilitarizado, ambicionando el desarme global. 

La implementación de la resolución 1325 y de la agenda sobre mujeres, paz y seguridad requiere de voluntad política, de una fuerte supervisión por parte de la sociedad civil, de mecanismos de rendición de cuentas por parte de los organismos internacionales y los Gobiernos y de una financiación adecuada. Algunas de las prioridades que la sociedad civil destaca en el proceso de revisión de 15 años de 1325 son la importancia de priorizar la participación significativa de las mujeres en todos los ámbitos de construcción de la paz; la necesidad de poner un mayor énfasis en la prevención de los conflictos; la importancia de desarrollar planes de acción nacionales y regionales fuertes; el compromiso con una financiación a gran escala así como el fortalecimiento del liderazgo de Naciones Unidas en la aplicación de la agenda sobre mujeres, paz y seguridad. Queda un largo camino todavía para el genuino reconocimiento de la capacidad de las mujeres para contribuir a la construcción de la paz global.

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