Escola de Cultura de Pau
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Líbia: És possible la pau?. PDF Imprimeix Correu electrònic
dimarts, 12 d'abril de 2011 11:59

Vicenç Fisas, Director de l'Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.

Para hablar de posibilidades de paz, en Libia y en cualquier otra parte, primero hay que callar las armas. En otras palabras, se necesita el paso previo de un alto el fuego y un cese de las hostilidades. No más muertos civiles, no más asedios a ciudades. En Colombia lo llaman “operación estatua”: todo el mundo queda en sus posiciones, y desde esa quietud militar se inician los diálogos políticos. Libia los tendrá que hacer a partir de una realidad indiscutible: el país está dividido, y militarmente no había muchas posibilidades de que las cosas cambiasen significativamente en las próximas semanas. En este contexto, una negociación como la que explora la Unión Africana (UA) habrá de sortear muchas dificultades y responder a múltiples interrogantes. Gadafi parece que acepta el alto el fuego propuesto, pero ¿aceptará el Consejo Nacianal de Transición una nueva propuesta de la Unión Africana, que actualice la que avanzó el día 25, en una reunión que celebró en Etiopía, al aprobar una primera "hoja de ruta" que ya incluía la protección de la población civil y el cese de las hostilidades, la asistencia humanitaria de la población libia afectada y de los trabajadores migrantes extranjeros, en particular de los africanos; el inicio de un diálogo político entre las partes libias para acordar las salidas a la crisis, la puesta en marcha y la gestión de un período de transición inclusivo, y la adopción de reformas políticas necesarias para responder a las aspiraciones del pueblo libio?

Cuando hablamos de procesos de paz, solemos repetir que existen unas condiciones para iniciarlo: La primera es la existencia de una opinión pública interna favorable; pero ¿puede manifestarse con libertad la población de las zonas controladas por Gadafi? En la nueva “hoja de ruta” de la Unión Africana, debería ser un punto a exigir: la no represión de las expresiones populares, en el sentido que sean. Que puedan manifestarse en igualdad de condiciones los partidarios y los detractores de Gadafi. La segunda condición es la percepción de las desventajas de continuar con la guerra. En este sentido, la actual “guerra de posiciones”, en las que nadie tiene una ventaja clara, favorece la opción de buscar una alternativa a la del enfrentamiento militar. Una tercera condición es ver las ventanas de oportunidad, y la visita de la UA podría serlo y si las partes aceptan otra de las condiciones: la convicción de que todos habrán que ceder en algo. Gadafi puede aceptar dejar el poder, pero el Consejo de Transición tendrá que aceptar quizás que algún gadafista reformista opte, como un candidato más, por la dirección del país. Eso dependerá de si las partes se ponen de acuerdo en que tienen que resolver el metaconflicto, esto es, la definición del problema de fondo, que no es otro, a mi entender, que la necesidad de cambiar de régimen político. Desde el reformismo interno o desde un proyecto totalmente nuevo. Pero eso, y volvemos al primer punto, es algo que deberá discernir en últimas el propio pueblo libio, en un referéndum, con un período de espera, transitorio, en el que habrá que concertar algún Gobierno de Transición.

Después de los acontecimientos transcurridos hasta la fecha, el futuro de Libia no podrá ser seguramente como el del pasado. No habría que descartar un modelo federal o autonómico por el que la región oriental tenga un nivel de autogobierno. Tampoco habría que descartar que desde la misma UA se potenciase un nuevo país desmilitarizado. Ni Túnez, ni Egipto, ni el resto de los países vecinos amenazan a Libia, y en cambio podría ser el principio de un proceso que poco a poco contagiase a la región del norte de África, que falta le hace. Resta hacer un frente común contra al-Qaeda, pero ahí son los medios policiales, más que los militares, lo que sirven. En todo caso, el primer punto será cumplir con el cese de hostilidades, que de ser permanente, permitiría que mucha gente regresara a sus hogares. El segundo punto sería desmilitarizar las grandes ciudades, desocuparlas de carros de combate y de artillería pesada, para no convertir a la población en escudos humanos. Desde estas premisas sería posible el diálogo y serían más fáciles las concesiones. Una oportunidad para frenar un conflicto que se estaba convirtiendo en una guerra civil. Y eso es precisamente lo que hay que evitar.

En una buena negociación nadie pierde todo, y todos ganan mucho. Lo tiene que entender la familia Gadafi y los líderes de la oposición. Eso es lo que hay que lograr con los buenos oficios de la Unión Africana, que posiblemente habrá de realizar tareas de verificación del buen funcionamiento de un Gobierno de Transición. Las diplomacias y la propia coalición tendrían que apostar ahora fuerte para lograr un alto el fuego real y dar espacio para la negociación. Después, será el pueblo libio quién tendrá la última palabra.

 

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