caenes

Conflictos en África: si vis pacem, para bellum.

Josep Mª Royo Aspa, Investigador de la Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.
Blogs El País: Paz, en construcción

Desde el fin de la Guerra Fría el continente africano se ha convertido en el laboratorio de ideas de la comunidad internacional en el campo de la paz, la defensa de los derechos humanos, la cooperación al desarrollo y la seguridad internacional. Y  aunque algunos lo nieguen, el continente africano sigue siendo uno de los principales campos de batalla actuales del sistema capitalista donde las antiguas metrópolis coloniales (Francia y Reino Unido) han dejado paso a EEUU, China, India, Brasil y Turquía.

Mucho se ha escrito sobre la arquitectura de paz y seguridad que se ha ido construyendo en los últimos años en el continente africano, vista como una oportunidad positiva por el necesario incremento de la apropiación de los procesos y la toma de decisiones que los países y las organizaciones regionales han pretendido en el campo la promoción de la paz y de la seguridad.

El mantra African Solutions for African Problems se ha extendido en los últimos años como la clave para solucionar los problemas en África y legitimar las intervenciones de la UA que se realizan con el objetivo de preservar la paz en el continente, desde una mirada en la que el principio de soberanía debe ser superada para evitar males mayores en determinadas situaciones de extrema gravedad, cuestión que también ha generado importantes debates en los últimos años. Los principales pilares de esta African Peace and Security Architecture (APSA), aprobada en el 2002, además de la Comisión de la UA, el Panel de Sabios y un sistema de alerta temprana a nivel continental, son el Consejo de Paz y Seguridad de la UA (el órgano de toma de decisiones)  y el brazo militar que debía desarrollar, la African Standby Force (ASF).

Una década después, la ausencia de recursos (y consecuente dependencia de recursos de Occidente, en especial de la UE), las disfunciones a nivel militar (dependencia de las capacidades logísticas de EEUU a través de la AFRICOM, centro de numerosas críticas, vinculadas a la exportación de la doctrina de la “lucha contra el terrorismo” en África, la defensa de los intereses estadounidenses en el continente en contraposición a China) y la falta de voluntad política por parte de los miembros de la UA han llevado a la organización a un clima de frustración y a proponer la creación de un mecanismo temporal para intentar superar la crisis. Este mecanismo, la African Capacity for Inmediate Response to Crises (ACIRC), está compuesto por una coalición de buena voluntad de países miembros de la UA financiada de forma voluntaria. Sin embargo, adolece de los mismos problemas que su predecesora, la ASF (recursos, voluntad política y logística), a los que añade algunos otros problemas y consideraciones.

En primer lugar, implica un cambio en la evolución del mantenimiento de la paz en el continente africano en lo concerniente a la aplicación del capítulo VI de la Carta de Naciones Unidas. Si en 1999 se situaba el punto de inflexión en cuanto al número de cascos azules a nivel internacional desde el fin de la Guerra Fría, con 13.000 cascos azules, y sólo la mitad, aproximadamente, se encontraban en el continente africano, 2010 fue el año en que esta cifra tocó techo, con 124.000 cascos azules, de los cuales cuatro quintas partes se situaban en África Subsahariana, que acumula las principales misiones de mantenimiento de la paz de la actualidad (MONUSCO, UNMISS, UNAMID, ONUCI, UNMIL, a excepción de la haitiana MINUSTAH). Desde ese momento, se constata una reducción del número de las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU tradicionales, de carácter multidimensional, en paralelo a la creciente implicación de los países africanos en las misiones promovidas por la UA y por la ONU: Burundi, Côte d’Ivoire, RD Congo, Liberia, Malí, Sierra Leona, Somalia Sudán y Sudán del Sur, y recientemente, en África Central en persecución del LRA o la última misión en R. Centroafricana.

No obstante, la mayoría de las operaciones son de imposición de la paz (peace enforcement). El ejemplo más claro es RD Congo, con la creación de la brigada de intervención en apoyo de la MONUSCO que ha expulsado hacia Uganda a los rebeldes del proxy rwandés en RD Congo, el M23. Son operaciones promovidas por la UA con el apoyo de la ONU y organizaciones regionales, que prácticamente sólo disponen en la agenda combatir y desarticular algún tipo de insurgencia. Los ejemplos son múltiples: Malí, Somalia, África Central (LRA), y más recientemente, R. Centroafricana. La jaleada apropiación de las organizaciones regionales está respondiendo a una concepción puramente militarista del conflicto, en los que se toma partido de forma deliberada, de forma similar a las intervenciones que Occidente ha promovido en beneficio de sus propios intereses y que en otros momentos se han cuestionado: Afganistán, Iraq o Libia, por citar algunos de los ejemplos, evidentemente diferentes entre ellos.

Estas operaciones, además de intentar preservar la paz y seguridad regional, responden al interés, ambiciones y agendas propias de algún gendarme regional o internacional que se dota de cobertura legal a través de la UA y de la ONU: Francia y Chad en Malí; Francia y Chad en RCA; Etiopía de forma reiterada y, más recientemente, Kenya, en Somalia (sin olvidar otro actor tradicional de la escena somalí, EEUU); Uganda en África Central en persecución del LRA (posteriormente ha contribuido a establecer la AU Regional Task Force junto a RD Congo y Sudán del Sur, con el apoyo logístico de EEUU).

Base militar DDR, Goma

Base militar de la MONUSCO en Goma (RDC) / JMR

Estos diferentes ejemplos están poniendo de manifiesto la fragilidad de la estructura de paz y seguridad en África (situación que, desgraciadamente, podríamos extrapolar a otras partes del mundo), la competición y desconfianza entre la UA y las organizaciones regionales, la precipitación en algunos casos, y la lentitud en la toma de decisiones en otros, además de las diferentes agendas que se encuentran en algunas de estas intervenciones. Las operaciones africanas son cada vez tan o más controvertidas que sus homólogas internacionales.

Pero sobre todo, independientemente que sea Occidente o África quien intente hacer frente a estas situaciones de violencia (mejor si es juntos, de forma coordinada, con la experiencia de unos, recursos y capacidades de otros), si se adopta una política clara de carácter preventivo que establezca un control férreo al comercio de armas, diplomacias que sean conscientes de los agravios y las raíces de estos conflictos y no sean jueces y partes en ellos, actores legitimados que tengan las manos libres para perseguir las violaciones de los derechos humanos a nivel internacional y sobretodo, que se incrementen los esfuerzos para reducir la brecha entre ricos y pobres a nivel global, que la crisis económica internacional está ampliando, situaciones como las recientes oleadas de violencia en Malí, RD Congo, Sudán del Sur o R. Centroafricana podrían no volver a repetirse. O como mínimo dispondríamos de más herramientas para hacerles frente, y no sólo de gasolina para atizarlas.

Ver web

Ver también

Director de la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona: «Canadá y el Vaticano no van a actuar de garantes»

Vicenç Fisas, Director de la Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona y …