Junior Report. 24/12/25. Entrevista a Cécile Barbeito por Gemma Castanyer.
Entrevista a Cécile Barbeito, especialista en educació per la pau i investigadora de l’Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Foto: Borja Paladini.
Desde hace más de veinte años, la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) analiza el estado de los conflictos en todo el mundo y trabaja con escuelas e institutos para fomentar la cultura de paz entre la comunidad educativa. Con motivo del DENIP, entrevistamos a Cécile Barbeito, especialista en educación para la paz e investigadora del centro, para hablar de estrategias que permitan abordar la diversidad, los conflictos y los discursos de odio en las aulas desde una mirada cercana, afectiva y cohesionadora.
¿Qué entendemos por cultura de paz? ¿Qué significa?
Es el conjunto de formas de actuar y de pensamiento que pueden tener las personas para favorecer la paz. Tiene una dimensión personal, que se refiere a qué puede hacer cada cual desde su actitud, pero también una parte muy estructural, relacionada con la reducción de las desigualdades, el respeto de los derechos humanos y la democracia, el desarme, la libre circulación de la información, etcétera.
La UNESCO definió ocho áreas de carácter más estructural en las que es necesario avanzar para que exista una cultura de paz en el ámbito de los países y del mundo.
¿Hay ámbitos que influyan más que otros en la consecución de la cultura de paz?
La guerra es uno de los principales motivos por los que el bienestar de los países cae en picado. En términos generales, la evolución de los países o el desarrollo humano suele tener una progresión positiva. Pero países que estaban en una tendencia positiva, como Siria o Yemen, Myanmar o Palestina, y que sufren un conflicto armado, caen de manera acelerada.
¿Cuál es el estado de la paz en el mundo?
Además de que el gasto militar es cada vez más elevado, también hay un mayor número de conflictos armados y más mortalidad. Al mismo tiempo, sin embargo, hay institutos que afirman que lo que ocurre es que hay más desigualdad. Hay países que están mucho peor y otros que siguen mejorando.
¿Qué significa esto exactamente?
Que crece la desigualdad entre el grado de paz y el grado de violencia de los países, no solo en términos de desigualdad económica, sino también en el grado de paz. Los países más pacíficos lo son cada vez más y están mucho mejor, pero los que se encuentran en situación de guerra también están mucho peor.
Además de analizar el estado de la paz en el mundo, también fomentáis la cultura de paz en los centros educativos.
Sí. Trabajamos las habilidades para expresarnos mejor y para resolver conflictos. Lo abordamos especialmente con el profesorado y creemos que la tendencia, aunque no lo parezca, es que hay mucha más conciencia. El alumnado ahora tiene una mayor conciencia emocional.
¿En qué sentido?
Los alumnos son mucho más capaces de expresar sus sentimientos y de reconocer el acoso escolar, por ejemplo. Antes esa palabra ni siquiera se conocía. Ahora todos los jóvenes saben perfectamente qué es, saben reconocerlo, lo identifican y entienden que no está bien.
Para fomentar la cultura de paz entre los jóvenes, ¿hay que hablar de paz o de violencia?
Si trabajamos con adolescentes, nosotros empezamos directamente hablando de violencia. Aquí pueden identificar muy bien las microviolencias que existen en el aula. Se generan debates interesantes, porque hay casos muy claros, pero luego hay un margen en el que se puede argumentar si eso, para mí, es violencia, pero para ti no; cuándo una broma puede ser divertida y cuándo empieza a ser ofensiva, etcétera. El debate da mucho juego y nos gusta abordarlo de una manera que no sea políticamente correcta y poder escuchar bien a los jóvenes.
Entonces, una vez entendemos bien dónde está el límite de la violencia, ya vemos dónde empieza la paz.
¿Con qué objetivo realizáis estos talleres?
Con el propósito de entendernos bien o, como mínimo, de poder convivir con personas que pueden ser completamente diferentes. Porque la sociedad es diversa y entendemos que la diversidad es positiva.
No se trata solo de poder coexistir con alguien que piensa diferente, sino de ir un poco más allá. Es decir, convivir implica incluir esa diferencia dentro de mis relaciones.
¿Cómo podemos hablar de paz a alguien que está pendiente de un desahucio, por ejemplo?
Para nosotras, el concepto de paz implica paz con justicia; no lo vemos como una dicotomía. Y cuando hablamos de violencias, también hablamos de desahucios, de desigualdades, etc. La paz implica que exista igualdad o, al menos, una menor desigualdad social.
Además de tener una mayor conciencia emocional, ¿qué más habéis identificado sobre los jóvenes gracias a vuestros talleres?
La dificultad para explicar los problemas. No tienen a quién explicarlos o se los explican a ChatGPT. Aquí creemos que hay una cuestión de género, porque a menudo quienes lo sufren son los chicos, que sienten que están solos cuando tienen un problema. Este es uno de los retos a trabajar.
¿Qué resultados observáis de los talleres de paz en los institutos?
En promover la inclusión, una escuela habían observado que había niñas que jugaban solas en el patio y con las que el grupo no se relacionaba. Una de las propuestas fue trabajar directamente con las familias. Se había identificado que los grupos que mejor funcionaban eran aquellos en los que las familias hacían cosas juntas al salir de la escuela. Y observaron una mejora en la relación del grupo y en la inclusión de estas niñas.
En otros casos, compañeros de la Escola de Cultura de Pau han trabajado especialmente con el alumnado disruptivo.
¿En qué aspecto?
Es un trabajo complicado porque estos alumnos han interiorizado desde pequeños que no sirven para nada. Los situaron en el rol de líderes positivos y mediadores con otros alumnos. Esto les empoderó mucho. Cuando sienten que pueden aportar algo al grupo es muy valioso. Pero es necesario un acompañamiento muy intenso y un gran esfuerzo por parte del profesorado para cambiar la mirada.
¿Cómo fomentáis el pensamiento crítico frente a los discursos de odio?
Nuestro planteamiento es que es importante poder conectar con la persona antes de poder transformarla. Creemos que es importante no juzgar cuando un alumno hace comentarios racistas, porque si lo juzgamos quizá le costará más escuchar lo que venga después. Para poder transformar la forma de pensar de una persona tiene que existir una relación afectiva (…). Desde la racionalidad es difícil cambiar argumentos.
¿Qué mirada tenéis sobre el DENIP?
Desde el año pasado promovemos un proyecto que busca que el alumnado actúe como observador de microviolencias dentro de la escuela y de su entorno, y también de actos de paz. Después lo representan todo de forma artística. Es un ejercicio de concienciación sobre qué microviolencias tenemos a nuestro alrededor, qué actos de paz realizamos y qué podemos mejorar.
¿Qué podemos hacer para trabajar la cultura de paz?
Recuperar espacios grupales, tanto para jóvenes como para adultos. Superar la deriva individualista generando espacios compartidos donde nos activemos para cuidar de los demás. Tener esa mirada colectiva de que las personas y los grupos podemos cambiar las cosas.
Escola de Cultura de Pau Universitat Autònoma de Barcelona