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El procés amb les FARC, a la llum d'altres experiències de negociació. PDF Imprimeix Correu electrònic
dilluns, 2 de març de 2015 10:50

Vicenç Fisas, Director de l'Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.

Las siguientes reflexiones, en forma telegráfica, son el resultado de seguir todas las negociaciones en conflictos armados de los últimos 15 años, y de algunas intervenciones del autor en algunos procesos, lo que permite sacar algunas conclusiones respecto al caso colombiano.

• El proceso con las FARC está bien diseñado, e incluso es innovador en algunos aspectos. Metodológicamente, es una muy buena experiencia.

• Ha sido fundamental negociar la agenda en la fase exploratoria y de forma confidencial, aunque fuera larga. Consensuar una agenda al principio de una negociación formal y pública, puede conducir a un desánimo letal, por dar la apariencia de que no hay avances. Es un acierto que las dos partes acordaran no hacer pública la fase exploratoria hasta lograr un acuerdo en la agenda.

La limitación en los puntos de la agenda, ha sido una decisión inteligente, pertinente y realista. Han hecho bien en no añadir a la agenda todos los problemas que aquejan al país, pues no son resolubles en una mesa de negociaciones. Tratar en primer lugar el tema agrario y llegar a un acuerdo sobre él, fue un riesgo que, por fortuna, ha terminado con éxito.

• Ha sido una medida acertada el crear “mesas de trabajo paralelas”, para que puedan avanzar en los temas de mayor complejidad.

• No hay precedentes en el mundo, y resulta por tanto patética, la actuación del ex presidente Uribe, convertido en un saboteador del probable logro de un acuerdo de paz. Ha actuado como un auténtico “spoiler”, manejando los hilos de sectores de la inteligencia y de las FF.AA. opuestos a las negociaciones. Pasará la Historia como un penoso personaje sin estatura moral ni política.

• Los tiempos de frecuencia las negociaciones actuales (una ronda mensual), son los más acelerados de las 34 negociaciones que hay en el mundo. Es la frecuencia más óptima, y un ejemplo para otros procesos, que van demasiado lentos.

• La elección de dos países garantes (Noruega y Cuba), que actúan como observadores y testigos, sin mediar, es también una buena elección. Darles un rol más relevante en casos de crisis, ha sido igualmente un acierto.

• No hay que olvidar que más de un tercio de las situaciones de crisis que tienen las negociaciones con grupos armados, en todo el mundo, están relacionadas con el diseño de las mediaciones. En el caso de las FARC no hay mediación, pero sí un buen acompañamiento externo.

• Aunque en la fase exploratoria se acordó si se seguiría el principio de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, puede pactarse con se hará una excepción en lo relativo a temas humanitarios, como un alto el fuego, un desminado parcial, el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario o aspectos relativos a los derechos humanos, como se hizo en el proceso de paz de El Salvador.

• La celebración de foros y debates participativos previos a la discusión de varios temas de agenda, organizados por la Universidad Nacional de Colombia y el PNUD, ha sido una aportación sumamente positiva, y un ejemplo más a seguir en otros países.

Ha sido un acierto abrir las puertas de La Habana a diferentes personas, instituciones y colectivos, tanto de la sociedad colombiana como internacional. Ha permitido la entrada de nuevas ideas y sugerencias a incorporar en las discusiones de la Mesa.

Quizás hay un exceso en cuanto a la aparición en los medios de comunicación, pues obstaculiza el tratamiento de temas conflictivos en la Mesa, debido a la expectación creada previamente en los medios.

• Al entrar en una negociación, con los riesgos que ello supone, implica que el Gobierno tenga una sola voz y un único discurso, favorable a la negociación, rechazando malas experiencias, como las del ministro de Defensa colombiano, que mantiene discursos contradictorios y contrarios a las del presidente y del equipo negociador, probablemente para no inquietar a sectores militares. El mensaje a la opinión pública debe ser único, y claro.

• Si bien se han dado pasos importantes, el ejercicio de reconocimiento de los errores y el perdón a las víctimas, por las dos partes, todavía tiene un camino por recorrer, por lo que recomendaría un mayor esfuerzo en este sentido. Es imprescindible para que el conjunto de la sociedad se vaya preparando para una futura reconciliación. Tiene que haber mucha verdad y todo lo posible en cuanto a la reparación. La humildad engrandece a las personas. La soberbia, los empequeñece.

• La firma de un acuerdo de paz, hasta ahora al menos a nivel internacional, siempre ha comportado una amnistía para todos los actores, si previamente han dicho toda la verdad y han reconocido sus culpas. Es muy duro para las víctimas, pero es un precio que hay que pagar para terminar de una vez con la confrontación armada.

• Aunque se les ha dado un plazo muy corto para realizar su labor, los resultados de la Comisión Histórica del Conflicto Armado y sus Víctimas, ayudará mucho a comprender el porqué del conflicto y al diseño de la Comisión de la Verdad que se establecerá en el futuro.

• Es un gran acierto, y un gran alivio para la población civil, que las dos partes hayan convenido un “desescalonamiento tácito” de la confrontación armada. Sin víctimas mortales de parte y parte, será más viable conseguir el alto el fuego bilateral.

• El proceso de negociación debe ir acompañado de una “pedagogía de la paz” mucho más intensa, centrada en el aprendizaje en cuanto a abordar los conflictos sin violencia, el reconocimiento mutuo de las deficiencias y violencias estructurales y la necesidad de crear una democracia más participativa y sin corrupción.

• Preocupa enormemente la inseguridad de los defensores de derechos humanos, sindicalistas, líderes populares, ex combatientes, periodistas y otros muchos sectores, víctimas de amenazas constantes o del asesinato. Si el Estado no es capaz de controlar a los grupos que generan estas violencias, no habrá seguridad para que la insurgencia deje las armas y hagan política. Este desafío es muy importante y tiene que resolverse a corto plazo.

• No comparto la idea de que el postconflicto debe pagarlo la comunidad internacional, sin antes lograr un “dividendo del desarme”, producto de reducir como mínimo a la mitad los efectivos y los presupuestos de las Fuerzas Armadas, además de controlar y poner a disposición de la población desplazada los bienes que requisaron los paramilitares, más los bienes y recursos que tenga la insurgencia. Internamente, pueden obtenerse recursos equivalentes al 3% del PIB para la aplicación de los acuerdos de paz.

• Ahora va a empezar uno de los temas más complejos: el de la “dejación de armas”, en términos farianos, o “desarme” en términos gubernamentales, a través de la Subcomisión de Dejación de Armas e Incorporación a la vida civil. Habrá que llegar a un compromiso intermedio, probablemente entregando las armas a una Comisión Internacional. Lo que en la época actual es inadmisible es plantear la validez de la “combinación de todas las formas de lucha”. Si se opta por la política, las armas tienen que desaparecer. Como he dicho anteriormente, esto irá vinculado a las garantías de seguridad para hacer política.

• En un próximo futuro, y dentro de lo que se denomina “reforma del sistema de seguridad”, la policía deberá desvincularse de las tareas militares, para convertirse en una “policía de proximidad”.

• No es recomendable, ya que ha sido motivo de ruptura de varias negociaciones, que en un momento determinado el Gobierno exija la reagrupación de los grupos armados en zonas localizables, y la identificación de cada uno de los miembros del grupo armado. Esta exigencia genera una gran desconfianza y vulnerabilidad, y no es necesaria para cumplir un alto el fuego o para avanzar en las negociaciones. Esta exigencia rompió, por ejemplo, las negociaciones del Gobierno colombiano con el ELN, en el 2007.

• Un tema recurrente de confrontación en las negociaciones, es si al finalizar estas deberá reformarse la Constitución o crear una nueva constituyente. Las partes no deben dejar esta polémica hasta el final, pero tampoco discutirlo al inicio, sin saber cómo irán las negociaciones sobre los puntos de la agenda. También es habitual que un Gobierno exija a un grupo armado, como precondición para negociar, que no se tocará la Constitución. La experiencia muestra, sin embargo, que es mejor no convertir este aspecto en un “inamovible”, dejando un margen de libertad, especialmente cuando los grupos armados tienen una antigüedad superior a la de la Constitución vigente.

• Colombia necesita un “pacto social y político”, con participación de la insurgencia actual, para terminar de una vez con la lacra del narcotráfico, que es foco permanente de corrupción y de mal gobierno.

• En cuanto al ELN, creo que sus dirigentes deberían entender que, en el año 2015, la participación social y popular incluye, no solamente el quehacer cotidiano y autónomo de los movimientos sociales y populares existentes, sino también el uso de las redes sociales vía Internet y la comunicación a través de los celulares. Invito a repensar el viejo esquema de “Convención Nacional”, para ponerla al día.

• Ya que no ha sido objeto de tratamiento detallado por parte de las FARC, el ELN podría aportar un programa respecto al tema minero-energético, y someterlo a debate y consideración de forma similar a la metodología y realismo que se ha empleado con las FARC.

• Me parece una buena idea, ya que es similar al “desescalonamiento” propuesto para las FFAA con las FARC, la propuesta reciente de “Gabino” cuando propuso crear una “zona libre de operaciones militares”, en las que tanto las Fuerzas del Estado como la guerrilla puedan estar sin atacarse, para evitar la confrontación directa y la protección de la población. Cuando empiecen la negociación formal, probablemente antes de dos meses, podrían valorar esta propuesta y empezar con un entorno más político que militar.

• Como medida de confianza, creo que ya llegó el momento de crear una comisión especial de estudio de la situación de los presos políticos, como primer paso para las decisiones que se habrán de tomar en el futuro, si se logra un acuerdo de paz.

• Es conveniente consensuar durante la fase de negociación, los mecanismos de verificación del cumplimiento de los acuerdos firmados, ya sean internos, externos o mixtos. De lo contrario, se corre el riesgo de que surjan nuevas violencias, diferentes a las originaron el conflicto armado y más vinculadas con la criminalidad organizada.

 

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